El otro día pusieron en la tele Los Puentes de Madison, la famosa peli del gemelo gay de nuestro admirado Clint, y después de 15 años de mantener una promesa y a sabiendas de que la contraparte la había incumplido mucho tiempo atrás decidí verla; no os voy a engañar la peli me hizo sentir un nudo en la garganta que…
Pero este post no va de la peli, sino de mediados de los noventa cuando mi cuerpo estaba en Madrid y mi cabeza en Murcia. Creo que forjamos una amistad para siempre, de hecho a día de hoy seguimos todos juntos, más o menos; algunos han caído pero cuando nos juntamos volvemos a ser los de siempre, es lo que tiene hacerse mayor, dejas de valorar las cosas realmente importantes y te preocupas por chorradas como la hipoteca, el curro o el coche.
Éramos los mejores, nuestro rincón del muro del paseo marítimo sigue intacto y esperando esos pocos días en los que aún nos juntamos, aunque ahora esté triunfando el rollito casa rural, que la verdad es un punto y no dejo de felicitar a los jefes que se encargan de organizarlo.
Aún recuerdo cuando dijimos, Dios nos hemos hecho mayores, hemos quedado a las cuatro para tomar café y estamos tomando café en la terraza y no una copita jugando al billar, o aquellas tardes sin final jugando al futbol o al vóley en la playa; con la única intención de tratar de impresionar a alguna niña.
Aquellos días en los que me escapaba a Murcia y me refugiaba en Las Jarras, nunca habrá un camarero como el Puzles; a veces rememoro todas aquellas historias, de cuando el Conde Crápula pedía asilo político y siempre pasaban mil cosas en un finde, de cuando cada día llegaba una carta y yo escribía sin parar.
Míticas historias como el cumple de Ana, “la abuela al morir”, la cucaña, las fiestas de la espuma, tomar margaritas dentro del mar, el club de los poetas muertos, EUDLF, … quedaran para siempre en el recuerdo de todos nosotros y por eso y porque quiero que nada nos separe nunca, quiero recordar a Iván, Paqui, Curri, Eva, Queen, Santi, Carol, Tender, Mc Gregor, Grobert, Isa, Alfonso, Fran, Mado, Ana, Elenita, Alberto, Aurora, Daniel, … y tantos otros que pasaron aunque sea esporádicamente por nuestras vidas.
miércoles, 28 de octubre de 2009
lunes, 26 de octubre de 2009
Ensalada Louisina de VIPS
Es un tema apasionante al que llegué por una charla con una querida amiga sobre las ensaladas del VIPS, y parece que ésta en concreto es el secreto mejor guardado de internete. De momento tengo lo siguiente: en cuanto a ingredientes lo visible por todos: lechugas varias (romana, iceberg y hoja de roble -creo-), bacón frito, pimiento rojo crudo, picatostes (denominado croutons por los afrancesados), cebolla frita, pollo y una salsa.
Yendo por partes la cebolla frita, se puede comprar en IKEA, por ejemplo, pero qué demonios vamos a tratar de hacerla como Dios manda. Lo primero es usar cebolla morada o escalonias (ya sabes que los horterillas las llaman chalotas) y cortada fina tenerla un tiempo en leche con pimienta para que se ponga tersa. Una vez bien escurrida freírla en abundante aceite muy caliente y secarla en un papel absorvente, salar convenientemente.
El pollo otro temita, hay que macerarlo previamente en aceite, abundante miel, bourbon, pimienta, perejil, ajo picado, unas gotas de limón y soja. Lo tenemos ahí mínimo una horita y a la plancha con ello en dados.
Y el gran misterio, parece que el tema es una salsa de mayonesa, bourbon, melaza, ajo picado, cebolla picada y perejil; aunque no creo mucho en ello porque no me parece que la base sea una mayonesa; así que yo voy a probar a dorar cebolla fresca bien picada en mantequilla y fuera del fuego añadir yogur y el liquido de maceración del pollo.
Para los que hemos vivido en Madrid y ahora estamos lejos el VIPS es el gran añorado, un sitio en el que puedes comer cualquier cosilla a cualquier hora; así que espero que con esto lo echeis en falta algo menos.
Yendo por partes la cebolla frita, se puede comprar en IKEA, por ejemplo, pero qué demonios vamos a tratar de hacerla como Dios manda. Lo primero es usar cebolla morada o escalonias (ya sabes que los horterillas las llaman chalotas) y cortada fina tenerla un tiempo en leche con pimienta para que se ponga tersa. Una vez bien escurrida freírla en abundante aceite muy caliente y secarla en un papel absorvente, salar convenientemente.
El pollo otro temita, hay que macerarlo previamente en aceite, abundante miel, bourbon, pimienta, perejil, ajo picado, unas gotas de limón y soja. Lo tenemos ahí mínimo una horita y a la plancha con ello en dados.
Y el gran misterio, parece que el tema es una salsa de mayonesa, bourbon, melaza, ajo picado, cebolla picada y perejil; aunque no creo mucho en ello porque no me parece que la base sea una mayonesa; así que yo voy a probar a dorar cebolla fresca bien picada en mantequilla y fuera del fuego añadir yogur y el liquido de maceración del pollo.
Para los que hemos vivido en Madrid y ahora estamos lejos el VIPS es el gran añorado, un sitio en el que puedes comer cualquier cosilla a cualquier hora; así que espero que con esto lo echeis en falta algo menos.
viernes, 9 de octubre de 2009
Macarrones con anchoas sin ellas
Un curioso plato que preparó mi chica el otro día y la verdad es que resultó increíble. Coced la pasta, lo más blanca posible para que todo el sabor lo den las anchoas; una vez cocida escurrir y en la olla echad un poco de aceite y cuando se haya calentado echad unos ajos y unas anchoas, una vez disueltas las anchoas añadid los macarrones y salteadlos un poco, añadiendo algo de pimiento asado y retirad del fuego, cascar un par de huevos para que tenga algo de untuosidad y abundante queso rallado y un chorrito de AOVE.
El resultado es excelente, una de esas cosas que te dejan muy sorprendido os animo a hacerlo.
El resultado es excelente, una de esas cosas que te dejan muy sorprendido os animo a hacerlo.
jueves, 8 de octubre de 2009
El anillo
Esta es una de esas historias que solo me pasan a mí, y verdad es que ahora me río, aunque aquel día … Bueno empezaremos por el principio, esa semana vinieron mi hermano mediano y un amigo a visitarme al sur, yo apenas llevaba unos meses por aquí, y primero vinieron los chicos y en el finde venían sus novias; así que tenía a los muchachos desatados y el jueves salimos a ver cómo estaban los garitos de por aquí y después de mil copas y de decirle a una que se parecía a la Lore de Aída (que encima le gusto, ojito al nivel) decidimos que ya era hora de volvernos a casa.
Ahí estábamos nosotros con nuestras copas paseando por el paseo marítimo y el mar venga a decirnos, en su lenguaje como decía Mecano, “bañaos”, “no seáis tontos, que mola” y otras muchas cosas. Total que no teníamos otra que hacerle caso.
Y como casi siempre que uno se baña en el entrono de las seis de la mañana, la indumentaria es la misma, vamos ninguna. Yo que soy muy cuidadoso metí todo en los bolsillos de mi pantalón; las gafas, la alianza, las llaves, … y al agua patos.
Bueno pues uno de los nuestros no se bañó y se le ocurrió que sería graciosísimo coger la ropa y salir corriendo, desde el agua, que le veíamos perfectamente le dijimos: pero ¿qué haces memo? Así que el tío soltó la ropa y nos reímos todos.
Risa que torno en llanto cuando al salir del agua me pongo los pantalones y descubro, realmente atónito, que tenía los bolsillos vacios: las llaves, las gafas, la cartera, el móvil, pero sobretodo el anillo de boda; en ese momento pensé en todo lo que me haría Patricia y creí que lo más justo sería hacérselo al muchacho este; pero la sangre no llegó al río.
Así que nos pusimos a buscar, ayudados de la increíble luz que desprenden los móviles, encontramos mi teléfono y ya teníamos tres “superlinternas”; y aquello no avanzaba, así que el muchacho en cuestión ideó un plan, lo cierto es que brillante, que consistía en llamar a la policía y decirles que mientras nos bañábamos unos mamarrachos habían intentado robarnos la ropa y como les pillamos la soltaron, pero no encontrábamos las llaves ni demás. Lo que era técnicamente cierto.
La verdad es que yo lo estaba pasando bastante mal, porque sin gafas no aportaba nada al equipo y … pero llegaron los polis con sus linternas de verdad y enseguida aparecieron mis gafas lo que hizo que nos viniéramos arriba, luego la cartera, las llaves y alguna moneda suelta; pero del anillo ni rastro y los polis dieron por cumplida su misión tratando de explicarnos lo de una aguja en un pajar.
Así que decidimos volvernos a casa y por el paseo el chico este se sentía fatal, y yo le decía peor me voy a sentir yo cuando se entere la jefa, pero que no se preocupara que teníamos casi todo y que íbamos dormir en la casa, algo por lo que yo no apostaba.
Cuando llegamos a casa el tío me pide una linterna y le digo que no hace falta que es imposible, bla, bla, bla. Pero el tío cogió la linterna y se fue con mi hermano a buscarlo, yo como tenía que currar, a la cama.
A la mañana siguiente, suena el despertador y lo primero que veo es el anillo en mi dedo y lo primero que pensé: vaya sueño raro que he tenido esta noche; y luego me di cuenta de que había sido verdad y entonces pensé: qué Nieves Herrero son estos poniéndome el anillo mientras dormía; pero por lo visto hablé con ellos y demás.
El asunto es que todo acabó bien y que ahora nos reímos con aquella historieta, que poco a poco ha ayudado a forjar nuestro carácter.
Ahí estábamos nosotros con nuestras copas paseando por el paseo marítimo y el mar venga a decirnos, en su lenguaje como decía Mecano, “bañaos”, “no seáis tontos, que mola” y otras muchas cosas. Total que no teníamos otra que hacerle caso.
Y como casi siempre que uno se baña en el entrono de las seis de la mañana, la indumentaria es la misma, vamos ninguna. Yo que soy muy cuidadoso metí todo en los bolsillos de mi pantalón; las gafas, la alianza, las llaves, … y al agua patos.
Bueno pues uno de los nuestros no se bañó y se le ocurrió que sería graciosísimo coger la ropa y salir corriendo, desde el agua, que le veíamos perfectamente le dijimos: pero ¿qué haces memo? Así que el tío soltó la ropa y nos reímos todos.
Risa que torno en llanto cuando al salir del agua me pongo los pantalones y descubro, realmente atónito, que tenía los bolsillos vacios: las llaves, las gafas, la cartera, el móvil, pero sobretodo el anillo de boda; en ese momento pensé en todo lo que me haría Patricia y creí que lo más justo sería hacérselo al muchacho este; pero la sangre no llegó al río.
Así que nos pusimos a buscar, ayudados de la increíble luz que desprenden los móviles, encontramos mi teléfono y ya teníamos tres “superlinternas”; y aquello no avanzaba, así que el muchacho en cuestión ideó un plan, lo cierto es que brillante, que consistía en llamar a la policía y decirles que mientras nos bañábamos unos mamarrachos habían intentado robarnos la ropa y como les pillamos la soltaron, pero no encontrábamos las llaves ni demás. Lo que era técnicamente cierto.
La verdad es que yo lo estaba pasando bastante mal, porque sin gafas no aportaba nada al equipo y … pero llegaron los polis con sus linternas de verdad y enseguida aparecieron mis gafas lo que hizo que nos viniéramos arriba, luego la cartera, las llaves y alguna moneda suelta; pero del anillo ni rastro y los polis dieron por cumplida su misión tratando de explicarnos lo de una aguja en un pajar.
Así que decidimos volvernos a casa y por el paseo el chico este se sentía fatal, y yo le decía peor me voy a sentir yo cuando se entere la jefa, pero que no se preocupara que teníamos casi todo y que íbamos dormir en la casa, algo por lo que yo no apostaba.
Cuando llegamos a casa el tío me pide una linterna y le digo que no hace falta que es imposible, bla, bla, bla. Pero el tío cogió la linterna y se fue con mi hermano a buscarlo, yo como tenía que currar, a la cama.
A la mañana siguiente, suena el despertador y lo primero que veo es el anillo en mi dedo y lo primero que pensé: vaya sueño raro que he tenido esta noche; y luego me di cuenta de que había sido verdad y entonces pensé: qué Nieves Herrero son estos poniéndome el anillo mientras dormía; pero por lo visto hablé con ellos y demás.
El asunto es que todo acabó bien y que ahora nos reímos con aquella historieta, que poco a poco ha ayudado a forjar nuestro carácter.
martes, 6 de octubre de 2009
Las tribulaciones de Camilo en China
Lo primero es pedirle perdón a Julio Verne por el saqueo, y lo segundo es que llevaba un tiempo pensando en escribir sobre aquellas 5 maravillosas semanas entre Tianjin y Pekín, lo cierto es que ahora se recuerdan con cariño y como algo genial, pero tuvieron su aquel.
Bueno empezaré por el principio, salimos con retraso de Madrid lo que era una alegría teniendo en cuenta que para la conexión en Amsterdam teníamos muy poco tiempo. Fue divertidísimo ver los folletos del aeropuerto y comprobar que de una puerta a la otra se tardaban 15 minutos y que nosotros disponíamos de 10, esa clásica escena de todas las pelis corriendo por el aeropuerto, parecíamos delincuentes y yo pensé como nos pare un policía a ver cómo le explicamos que perdemos el vuelo en 5 minutos, que era el tiempo que teníamos al final; yo tenía pensado decirle que era el Duque de Alba y que los discutíamos junto al fuego, pero al final la sangre no llegó al río y cogimos el avión a Pekín, con el corazón saliéndosenos por la boca, pero lo cogimos.
Por fin 10 horas después de estar en un sitio diseñado para alguien que mide 1,20m. estábamos en Pekín, todo nos impresionaba; los letreros, la gente, esos policías que me llegaban a la cintura, … Habían ido a buscarnos y nos llevaron a Tianjin, todo era diferente, en ese momento nos llamaba la atención hasta el color del césped. Nos dejaron en el hotel y nos dijeron que descansásemos que nos recogerían para cenar. Decidimos que lo mejor era hacerse al horario local cuanto antes y a las dos bajamos a comer al restaurante del hotel, nos decidimos por un arroz tres delicias que era lo más parecido al chino del barrio.
Ese primer día nos dieron una vuelta por Tianjin y nos fuimos a un acuario, muy chulo con un montón de peces distintos, con sus caminitos de madera y en estas estaba yo disfrutando del paseo cuando Riu Liu viene y me da una redecilla, y yo le pregunto para qué y me dice para pescar la cena … os podéis imaginar mi cara ¡¡estabamos en un restaurante no en un acuario!!
Al día siguiente después de una ligera reunión matutina, nos dijo Teresa Li, vamos a comer a un campo de futbol, que cosa más chula pensé yo. El sitio era curioso, se veía el campo, aunque hacía varios años que allí no se jugaba, pero bueno. Comida de Shanghái nos dijeron, desde entonces tengo apuntado no comer en Shanghái, os comento decidimos comer pollo, en plena gripe aviar por cierto, que retrasamos en viaje un par de veces por las recomendaciones de la OMS, pues bien allí estaba el pollo, estaban las salsas, pero a alguien se le había olvidado pasar el pollo por el horno. ¡Pollo crudo! Y ¡entero! Ahí estaba con su cresta y su pico mirándote, lo probé y efectivamente sabía a pollo crudo una tela, queridos; así que allí estaba yo comiendo pollo crudo para no ofender a nuestros anfitriones.
Estuvimos viendo las grandes obras de infraestructura de la ciudad, fuimos al puerto que era realmente impresionante, con un montón de grúas Post-Panamax, y fuimos a comer, cosa que yo ya había empezado a temer, y la verdad es que estaba todo muy bueno, pescadito, cigalas a la plancha con algo de picante, langosta cocida (lo especifico porque no siempre era así, ya os contaré) y de repente unas gambas que tenían una pinta, vamos para tocarles palmas, cojo mis palillos (después de dos días Teresa ya me dejaba usarlos, al principio me obligaba a tirar de tenedor que me daba la sensación del niño pequeño al que no le dejan el cuchillo) me meto la gamba en la boca y noto un sabor extraño, y le pregunto a Riu ¿estas gambas? Y sin despeinarse me responde: “gambas en almíbar” Os podéis imaginar mi cara, pero por favor que eso son los melocotones, ¿a alguien le falta una hoja de su libro de cocina?
Otro día fuimos a ver las obras del metro, lo que más me impresionó fue que por lo visto se descapitalizaron y pusieron un anuncio para que voluntarios fueran a echar una mano a la obra, vamos el clásico a picar piedra y aparecieron 2.000 tíos de media durante 14 días, igualico que en España, pensé yo. Ese día fuimos en el que celebraban las bodas de la alta sociedad y vaya tela, ese rojo, ese dorado; esta claro que la alta sociedad de aquí podría vivir feliz en Bronstoles, los salones de boda son muy parecidos.
Los findes nos íbamos a Pekín, el primero me dejé el móvil y el pasaporte en Tianjin, y fue realmente complicado conseguir una habitación sin documentación, pero bueno conseguimos una y nos lanzamos a hacer lo que hace todo el mundo en Pekín comprar en mercadillos, me llevé de todo y aún me arrepiento de no haber pillado aquellos 10 polos a 10 euros. De todas maneras de Pekín me llevo mil cosas: la ciudad prohibida, gente vestida como cuando Mao, el club Suzie Wong (un antiguo fumadero de opio en el que tomábamos tequila tumbados), la Gran Muralla (están locos estos romanos), el pato laqueado (no hay nada comparado con el que tomas allí), los monjes budistas, volar cometas en Tianmen, …
Pero como cada domingo por la tarde había que volver a Tianjin, recuerdo la primera vuelta, sin móvil y sin pasaporte, me bajo a recepción y le digo a la chica de recepción: me pides un taxi para la estación de tren y me dice ¿para cual? No sé cómo no había caído en la posibilidad de que en una ciudad de 17,5 millones de habitantes cabría la posibilidad de que hubiera más de una estación; ese día volví en autobús. Recuerdo lo pequeñito que me sentí metido en un taxi al que le había dado las indicaciones otra persona y que me estaba llevando a dónde el considerara oportuno y con quien era imposible comunicarse, está claro que somos un punto en el universo, en eso momento absolutamente nadie sabía dónde estaba yo, ni tan siquiera yo mismo y no os voy a engañar da bastante vértigo.
Lo curioso fue al llegar a Tianjin, pensé en cuanto vea algo que me suene me bajo y después de dar mil vueltas por la ciudad, el autobús se para y se baja todo el mundo y yo pensé bueno un taxi y al hotel. Me acerco al primer taxi y le digo “Hyatt Hotel”, el tío me mira con cara de “pero a este que le pasa en la boca” y decido marcar más la pronunciación “jayat jotel”. Después de varios intentos el tío sale del taxi y empieza a llamar a compañeros; os podéis imaginar la escena: en una parada de taxis un tío de dos metros y seis o siete chinos de metro cincuenta, de foto. Era buenísimo, ahora me río en aquel momento casi me echo a llorar, venía mi taxista y me hacía un gesto como para que repitiera el nombre, yo decía jayat jotel de todas las formas que se me ocurría y entonces ellos hacían un circulo y se ponían a discutir y al rato venía uno y me hacía repetir. Así hasta que me acorde de que llevaba una factura del hotel en el traje (mira que me quejé de aquella reunión en la embajada un sábado, pero me salvo) y le enseño el papel y me dice: jayat jotel; casi lo mato; pero contra todo pronóstico esa noche dormí en el hotel.
De vuelta en Tianjin seguí con mi, llamemos sorprendente, ruta gastronómica os voy a contar cuatro detallitos para que se os haga la boca agua y os llene de envidia. Un día Teresa Li me pregunta si me gusta la fondue y yo dije que clara que sí tanto la de queso como la de carne; y me llevo a un restaurante coreano diciéndome que era muy parecido; lo mismito vamos, era un perolo de agua hirviendo y unas tiras de carne, que yo quiero pensar vacuno aunque tratándose de un coreano … y la gracia era coger la carne con los palillos, procurar que no se te escaldara la mano y luego echarle a la carne cocida una salsa de soja, lechuga y una hoja de hierbabuena, la clásica fondue que te puedes tomar en la ciudad viaja de Berna. No todo era así había unas brochetas de sepia con sésamo que tenían su puntito. Otro día Teresa que ya estaba desautorizadísima, me propuso ir a comer a un restaurante español. ¡¡¡Vaya tela!!! Lo dejaremos en curioseras, un montón de platos “españoles” y en medio de la comida unas tostadas de mantequilla y mermelada, la clásica comida de domingo en cualquier hogar de Castilla. Luego pensé que seguro que los chinos cuando vienen aquí a un restaurante idem pues …
Otro día fuimos a comer Langosta a uno de los mejores sitios, me dijeron que era cruda, yo ya no me asustaba por nada, eso pensé yo. Pues una vez más consiguieron sorprenderme, la pobre langosta que tenía su cuerpo picadito alrededor de ella todavía movía las antenas cuando llegó a la mesa y me explicaron que eso es lo que hace que un sitio sea bueno que la langosta mueva las antenas, como decían en El Diario de Bridget Jones: raza cruel.
Mi querido Riu Liu (al que yo en Madrid llevé al 5 J’s) me dijo que si me apetecía pato y ya os conté lo que me molaba, así que fuimos a uno de los sitios míticos y bueno ahí andamos con los clásicos mil platos de una comida china, su clásica sopa de mercurio incluida (es para verla yo me negué a probarla, es que era tal cual mercurio); en una de esas me acercan un plato con una salsa amarilla y digo yo a ver; ¡¡acojonante!! Llegué a echar de menos el pollo del segundo día. Y me pregunta ¿te gusta? Y yo, bueeeeeno; y me dice “pato” y yo “¿qué pato?”. Y entonces con toda la tranquilidad que le caracteriza me explica que son las membranas de las patas de un pato con mostaza; tócate los … mariloli. La textura, el sabor, … una alegría tras otra vamos.
No todo era disfrutar en la mesa algún que otro día nos fuimos de copas y os digo que fue increíble, primero estuvimos en un garito de copas muy al estilo de aquí, jugando a los dados y el que palmaba bebía; luego un discotecon con sus gogos y todo y a las tres y media o por ahí nos cambiamos de sitio, yo pensé que a otra discoteca, pero no fuimos al garito de los mundos. Una pasada era un edificio de varias plantas, entrabas y para una lado iban las chicas y al otro los tíos, pasabas a unas taquillas y dejabas la ropa para ir a un blaneario urbano de la leche con todo tipo de apechusques, me encantaban las tumbonas dentro de una piscina de burbujas en frente de una pantalla de cine, si hubiera entendido el chino ya me habría vuelto loco. Un poquito de sauna, un poco de nebulizada, … y sobre todo que allí estábamos todos desnudos y es muy bueno para el ego de un occidental; aún hay una inscripción mía “a Mr. Trípode con cariño”.
Después pasabas a otro cuarto donde te daban un pijamita de Ralph Lauren, como no podía ser de otra manera, y ya subías a otro piso donde te juntabas con las chicas y había barras para tomar copas, salas de cine, salas para dormir, billares, comida de todo tipo, masajes, … me pareció una virguería. Y lo más gracioso es que todos con nuestro pijamita por aquella ciudad del ocio en un solo edificio. A la mañana siguiente pasamos por el spa y a currar.
Vamos una experiencia en toda regla y no os voy a engañar a pesar de todas las coñitas estoy deseando volver y recomiendo a cualquiera que se lo plantee que se pase por allí y disfrute de la locura de cada cruce con todos los giros permitidos y mil bicis, aunque en Pekin ya queden menos.
Bueno empezaré por el principio, salimos con retraso de Madrid lo que era una alegría teniendo en cuenta que para la conexión en Amsterdam teníamos muy poco tiempo. Fue divertidísimo ver los folletos del aeropuerto y comprobar que de una puerta a la otra se tardaban 15 minutos y que nosotros disponíamos de 10, esa clásica escena de todas las pelis corriendo por el aeropuerto, parecíamos delincuentes y yo pensé como nos pare un policía a ver cómo le explicamos que perdemos el vuelo en 5 minutos, que era el tiempo que teníamos al final; yo tenía pensado decirle que era el Duque de Alba y que los discutíamos junto al fuego, pero al final la sangre no llegó al río y cogimos el avión a Pekín, con el corazón saliéndosenos por la boca, pero lo cogimos.
Por fin 10 horas después de estar en un sitio diseñado para alguien que mide 1,20m. estábamos en Pekín, todo nos impresionaba; los letreros, la gente, esos policías que me llegaban a la cintura, … Habían ido a buscarnos y nos llevaron a Tianjin, todo era diferente, en ese momento nos llamaba la atención hasta el color del césped. Nos dejaron en el hotel y nos dijeron que descansásemos que nos recogerían para cenar. Decidimos que lo mejor era hacerse al horario local cuanto antes y a las dos bajamos a comer al restaurante del hotel, nos decidimos por un arroz tres delicias que era lo más parecido al chino del barrio.
Ese primer día nos dieron una vuelta por Tianjin y nos fuimos a un acuario, muy chulo con un montón de peces distintos, con sus caminitos de madera y en estas estaba yo disfrutando del paseo cuando Riu Liu viene y me da una redecilla, y yo le pregunto para qué y me dice para pescar la cena … os podéis imaginar mi cara ¡¡estabamos en un restaurante no en un acuario!!
Al día siguiente después de una ligera reunión matutina, nos dijo Teresa Li, vamos a comer a un campo de futbol, que cosa más chula pensé yo. El sitio era curioso, se veía el campo, aunque hacía varios años que allí no se jugaba, pero bueno. Comida de Shanghái nos dijeron, desde entonces tengo apuntado no comer en Shanghái, os comento decidimos comer pollo, en plena gripe aviar por cierto, que retrasamos en viaje un par de veces por las recomendaciones de la OMS, pues bien allí estaba el pollo, estaban las salsas, pero a alguien se le había olvidado pasar el pollo por el horno. ¡Pollo crudo! Y ¡entero! Ahí estaba con su cresta y su pico mirándote, lo probé y efectivamente sabía a pollo crudo una tela, queridos; así que allí estaba yo comiendo pollo crudo para no ofender a nuestros anfitriones.
Estuvimos viendo las grandes obras de infraestructura de la ciudad, fuimos al puerto que era realmente impresionante, con un montón de grúas Post-Panamax, y fuimos a comer, cosa que yo ya había empezado a temer, y la verdad es que estaba todo muy bueno, pescadito, cigalas a la plancha con algo de picante, langosta cocida (lo especifico porque no siempre era así, ya os contaré) y de repente unas gambas que tenían una pinta, vamos para tocarles palmas, cojo mis palillos (después de dos días Teresa ya me dejaba usarlos, al principio me obligaba a tirar de tenedor que me daba la sensación del niño pequeño al que no le dejan el cuchillo) me meto la gamba en la boca y noto un sabor extraño, y le pregunto a Riu ¿estas gambas? Y sin despeinarse me responde: “gambas en almíbar” Os podéis imaginar mi cara, pero por favor que eso son los melocotones, ¿a alguien le falta una hoja de su libro de cocina?
Otro día fuimos a ver las obras del metro, lo que más me impresionó fue que por lo visto se descapitalizaron y pusieron un anuncio para que voluntarios fueran a echar una mano a la obra, vamos el clásico a picar piedra y aparecieron 2.000 tíos de media durante 14 días, igualico que en España, pensé yo. Ese día fuimos en el que celebraban las bodas de la alta sociedad y vaya tela, ese rojo, ese dorado; esta claro que la alta sociedad de aquí podría vivir feliz en Bronstoles, los salones de boda son muy parecidos.
Los findes nos íbamos a Pekín, el primero me dejé el móvil y el pasaporte en Tianjin, y fue realmente complicado conseguir una habitación sin documentación, pero bueno conseguimos una y nos lanzamos a hacer lo que hace todo el mundo en Pekín comprar en mercadillos, me llevé de todo y aún me arrepiento de no haber pillado aquellos 10 polos a 10 euros. De todas maneras de Pekín me llevo mil cosas: la ciudad prohibida, gente vestida como cuando Mao, el club Suzie Wong (un antiguo fumadero de opio en el que tomábamos tequila tumbados), la Gran Muralla (están locos estos romanos), el pato laqueado (no hay nada comparado con el que tomas allí), los monjes budistas, volar cometas en Tianmen, …
Pero como cada domingo por la tarde había que volver a Tianjin, recuerdo la primera vuelta, sin móvil y sin pasaporte, me bajo a recepción y le digo a la chica de recepción: me pides un taxi para la estación de tren y me dice ¿para cual? No sé cómo no había caído en la posibilidad de que en una ciudad de 17,5 millones de habitantes cabría la posibilidad de que hubiera más de una estación; ese día volví en autobús. Recuerdo lo pequeñito que me sentí metido en un taxi al que le había dado las indicaciones otra persona y que me estaba llevando a dónde el considerara oportuno y con quien era imposible comunicarse, está claro que somos un punto en el universo, en eso momento absolutamente nadie sabía dónde estaba yo, ni tan siquiera yo mismo y no os voy a engañar da bastante vértigo.
Lo curioso fue al llegar a Tianjin, pensé en cuanto vea algo que me suene me bajo y después de dar mil vueltas por la ciudad, el autobús se para y se baja todo el mundo y yo pensé bueno un taxi y al hotel. Me acerco al primer taxi y le digo “Hyatt Hotel”, el tío me mira con cara de “pero a este que le pasa en la boca” y decido marcar más la pronunciación “jayat jotel”. Después de varios intentos el tío sale del taxi y empieza a llamar a compañeros; os podéis imaginar la escena: en una parada de taxis un tío de dos metros y seis o siete chinos de metro cincuenta, de foto. Era buenísimo, ahora me río en aquel momento casi me echo a llorar, venía mi taxista y me hacía un gesto como para que repitiera el nombre, yo decía jayat jotel de todas las formas que se me ocurría y entonces ellos hacían un circulo y se ponían a discutir y al rato venía uno y me hacía repetir. Así hasta que me acorde de que llevaba una factura del hotel en el traje (mira que me quejé de aquella reunión en la embajada un sábado, pero me salvo) y le enseño el papel y me dice: jayat jotel; casi lo mato; pero contra todo pronóstico esa noche dormí en el hotel.
De vuelta en Tianjin seguí con mi, llamemos sorprendente, ruta gastronómica os voy a contar cuatro detallitos para que se os haga la boca agua y os llene de envidia. Un día Teresa Li me pregunta si me gusta la fondue y yo dije que clara que sí tanto la de queso como la de carne; y me llevo a un restaurante coreano diciéndome que era muy parecido; lo mismito vamos, era un perolo de agua hirviendo y unas tiras de carne, que yo quiero pensar vacuno aunque tratándose de un coreano … y la gracia era coger la carne con los palillos, procurar que no se te escaldara la mano y luego echarle a la carne cocida una salsa de soja, lechuga y una hoja de hierbabuena, la clásica fondue que te puedes tomar en la ciudad viaja de Berna. No todo era así había unas brochetas de sepia con sésamo que tenían su puntito. Otro día Teresa que ya estaba desautorizadísima, me propuso ir a comer a un restaurante español. ¡¡¡Vaya tela!!! Lo dejaremos en curioseras, un montón de platos “españoles” y en medio de la comida unas tostadas de mantequilla y mermelada, la clásica comida de domingo en cualquier hogar de Castilla. Luego pensé que seguro que los chinos cuando vienen aquí a un restaurante idem pues …
Otro día fuimos a comer Langosta a uno de los mejores sitios, me dijeron que era cruda, yo ya no me asustaba por nada, eso pensé yo. Pues una vez más consiguieron sorprenderme, la pobre langosta que tenía su cuerpo picadito alrededor de ella todavía movía las antenas cuando llegó a la mesa y me explicaron que eso es lo que hace que un sitio sea bueno que la langosta mueva las antenas, como decían en El Diario de Bridget Jones: raza cruel.
Mi querido Riu Liu (al que yo en Madrid llevé al 5 J’s) me dijo que si me apetecía pato y ya os conté lo que me molaba, así que fuimos a uno de los sitios míticos y bueno ahí andamos con los clásicos mil platos de una comida china, su clásica sopa de mercurio incluida (es para verla yo me negué a probarla, es que era tal cual mercurio); en una de esas me acercan un plato con una salsa amarilla y digo yo a ver; ¡¡acojonante!! Llegué a echar de menos el pollo del segundo día. Y me pregunta ¿te gusta? Y yo, bueeeeeno; y me dice “pato” y yo “¿qué pato?”. Y entonces con toda la tranquilidad que le caracteriza me explica que son las membranas de las patas de un pato con mostaza; tócate los … mariloli. La textura, el sabor, … una alegría tras otra vamos.
No todo era disfrutar en la mesa algún que otro día nos fuimos de copas y os digo que fue increíble, primero estuvimos en un garito de copas muy al estilo de aquí, jugando a los dados y el que palmaba bebía; luego un discotecon con sus gogos y todo y a las tres y media o por ahí nos cambiamos de sitio, yo pensé que a otra discoteca, pero no fuimos al garito de los mundos. Una pasada era un edificio de varias plantas, entrabas y para una lado iban las chicas y al otro los tíos, pasabas a unas taquillas y dejabas la ropa para ir a un blaneario urbano de la leche con todo tipo de apechusques, me encantaban las tumbonas dentro de una piscina de burbujas en frente de una pantalla de cine, si hubiera entendido el chino ya me habría vuelto loco. Un poquito de sauna, un poco de nebulizada, … y sobre todo que allí estábamos todos desnudos y es muy bueno para el ego de un occidental; aún hay una inscripción mía “a Mr. Trípode con cariño”.
Después pasabas a otro cuarto donde te daban un pijamita de Ralph Lauren, como no podía ser de otra manera, y ya subías a otro piso donde te juntabas con las chicas y había barras para tomar copas, salas de cine, salas para dormir, billares, comida de todo tipo, masajes, … me pareció una virguería. Y lo más gracioso es que todos con nuestro pijamita por aquella ciudad del ocio en un solo edificio. A la mañana siguiente pasamos por el spa y a currar.
Vamos una experiencia en toda regla y no os voy a engañar a pesar de todas las coñitas estoy deseando volver y recomiendo a cualquiera que se lo plantee que se pase por allí y disfrute de la locura de cada cruce con todos los giros permitidos y mil bicis, aunque en Pekin ya queden menos.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Discurso de Steve Jobs en Stanford: ¡¡¡Imperdible!!!
Gracias.
Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestro comienzo en una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea dicha, yo nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria.
Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.
La primera historia versa sobre "conectar los puntos".
Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé? Comenzó antes de que yo naciera.
Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer.
Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña.
Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?”
“Por supuesto”, dijeron ellos.
Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.
Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, los estaba gastando en mi matrícula.
Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo.
Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado.
En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos, el envase, para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba.
Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante. Os daré un ejemplo.
En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano.
Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía.
Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.
Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.
Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.
Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.
Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.
Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.
Tuve suerte, supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados.
Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30.
Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?
Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte.
Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de HP] y Bob Noyce [Intel], e intenté disculparme por haberlo fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley].
Pero algo comenzó a abrirse paso en mí, aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.
Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa.
Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes.
El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando.
No os conforméis.
Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis.
No os conforméis.
Mi tercera historia es sobre la muerte.
Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.
Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.
Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.
Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.
Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:
Nadie quiere morir.
Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.
Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro.
No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros.
No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior.
Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición.
De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.
Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad.
En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si sois aventureros. Bajo ella estaban las palabras:
“Sigue hambriento. Sigue alocado”.
Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado.
Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso a vosotros.
Seguid hambrientos. Seguid alocados.
Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestro comienzo en una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea dicha, yo nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria.
Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.
La primera historia versa sobre "conectar los puntos".
Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé? Comenzó antes de que yo naciera.
Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer.
Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña.
Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?”
“Por supuesto”, dijeron ellos.
Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.
Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, los estaba gastando en mi matrícula.
Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo.
Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado.
En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos, el envase, para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba.
Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante. Os daré un ejemplo.
En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano.
Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía.
Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.
Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.
Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.
Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.
Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.
Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.
Tuve suerte, supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados.
Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30.
Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?
Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte.
Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de HP] y Bob Noyce [Intel], e intenté disculparme por haberlo fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley].
Pero algo comenzó a abrirse paso en mí, aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.
Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa.
Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes.
El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando.
No os conforméis.
Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis.
No os conforméis.
Mi tercera historia es sobre la muerte.
Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.
Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.
Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.
Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.
Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:
Nadie quiere morir.
Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.
Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro.
No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros.
No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior.
Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición.
De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.
Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad.
En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si sois aventureros. Bajo ella estaban las palabras:
“Sigue hambriento. Sigue alocado”.
Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado.
Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso a vosotros.
Seguid hambrientos. Seguid alocados.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Caracoles Sanchopanza
El sábado tuvimos comida y volvimos a La Marañosa, mola cocinar en el campo; este mes hicimos un arrocito y unos caracoles que quedaron de coña así que vamos a transcribir esos caracoles.
Lo primero es hacer un buen fondo de cebolla picada y pocharla bastante, no basta con dejarla transparente hay que seguir un poco más y entonces echar chorizo, jamón y panceta ahumada bien picado y en cantidades industriales. Lo salteamos todo bien para que se vayan mezclando lo sabores y añadimos pimentón picante y dulce a partes iguales, un par de vueltas y añadimos un buen chorreón de vino tinto para que no se queme el pimentón. Una vez evaporado el alcohol se añade al guiso una fritada de tomate y pimiento (o se compra hecha o se hace un sofrito de tomate y pimiento y se pasa por la batidora) y se deja unos cinco minutos removiendo para mezclarlo bien. Por último se añaden los caracoles, se lleva a ebullición, un par de vueltas y se baja el fuego al mínimo y se tiene entre 30 y 40 minutos, contorlando la textura de la salsa por si hiciera falta más tiempo.
Nos salió de vicio para los amigos de los caracoles un plato exquisito solo para paladares educados.
Lo primero es hacer un buen fondo de cebolla picada y pocharla bastante, no basta con dejarla transparente hay que seguir un poco más y entonces echar chorizo, jamón y panceta ahumada bien picado y en cantidades industriales. Lo salteamos todo bien para que se vayan mezclando lo sabores y añadimos pimentón picante y dulce a partes iguales, un par de vueltas y añadimos un buen chorreón de vino tinto para que no se queme el pimentón. Una vez evaporado el alcohol se añade al guiso una fritada de tomate y pimiento (o se compra hecha o se hace un sofrito de tomate y pimiento y se pasa por la batidora) y se deja unos cinco minutos removiendo para mezclarlo bien. Por último se añaden los caracoles, se lleva a ebullición, un par de vueltas y se baja el fuego al mínimo y se tiene entre 30 y 40 minutos, contorlando la textura de la salsa por si hiciera falta más tiempo.
Nos salió de vicio para los amigos de los caracoles un plato exquisito solo para paladares educados.
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